Notas de los lunes · Cada semana, una idea práctica sobre bibliotecas universitarias, información y gestión en educación superior.
En 2026 casi todas las universidades hablan de inteligencia artificial, pero muy pocas bibliotecas la han puesto a trabajar de forma ordenada. Los datos de este año apuntan a una explicación sencilla: las bibliotecas que avanzan no son las que compraron más herramientas, sino las que primero decidieron quién gobierna su uso.
Como bibliotecaria académica y consultora en gestión del conocimiento, veo que la conversación suele empezar por el producto: qué asistente, qué buscador, qué licencia. Propongo empezar por otro lado. La IA en la biblioteca universitaria es, ante todo, una decisión de gestión institucional.
Lo que dicen los datos de 2026
El informe Pulse of the Library 2026 de Clarivate, publicado el 9 de septiembre con respuestas de 1,876 bibliotecarios de todo el mundo, encontró que solo el 16% reporta una implementación moderada o activa de IA, mientras que un tercio sigue explorando. La diferencia más clara está en la gobernanza: entre las bibliotecas que ya implementan, el 51% opera con un modelo conjunto entre la biblioteca y el área de TI de la institución, frente al 26% del total. Las preocupaciones principales ya no son solo de presupuesto; ahora encabezan la lista la privacidad y la seguridad, la desinformación y los sesgos.
En Estados Unidos, la encuesta de Ithaka S+R a 483 directores de bibliotecas, publicada en mayo de 2026, muestra la otra cara: el 81% señala la falta de recursos financieros como su principal limitación, el 31% planea crear puestos de IA en los próximos cinco años y el 83% espera más demanda de formación en alfabetización en IA. Y un dato que debería preocupar a cualquier rectoría: solo el 31% de esos directores dice participar en las decisiones clave del campus.
En México la conversación ya está en la mesa
La UNAM creó en marzo de 2026 su Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial, con un acuerdo que subordina el aprovechamiento de la IA a un marco de ética, transparencia e integridad académica. En junio, la XLII Reunión Anual del CONPAB-IES, en la Universidad Anáhuac Querétaro, se dedicó a aprender a pensar en tiempos de la inteligencia artificial. Y el libro coordinado por Ulises Campbell Manjarrez, La gestión bibliotecaria en México ante los desarrollos de la inteligencia artificial (CETYS, 2025), ya plantea el tema desde la administración de bibliotecas.
El mensaje es consistente: la pregunta ya no es si la IA llegará a la biblioteca, sino cómo se decide su uso y quién responde por él.
Por qué es una decisión de gestión
En mi artículo anterior argumenté que el repositorio institucional es una decisión de gestión y no una instalación de software. Con la IA ocurre lo mismo, y con más riesgo. Una herramienta de IA toca datos de estudiantes, contenidos licenciados, la integridad de las tesis y la reputación de la institución. Si la biblioteca la adopta sola, carga con riesgos que no controla. Si TI la adopta sola, deja fuera a quien conoce las licencias, los metadatos y la alfabetización informacional.
Seis decisiones antes de comprar una herramienta
- Quién decide. Un comité conjunto de biblioteca, TI y academia, con un mandato escrito de la rectoría o la vicerrectoría académica.
- Para qué. Objetivos medibles: aprendizaje de los estudiantes, apoyo a la investigación o productividad del personal. Cada uno exige indicadores distintos.
- Datos y privacidad. Qué datos de usuarios salen de la institución, bajo qué contrato, y qué dicen las licencias de bases de datos sobre el uso de sus contenidos con IA.
- Calidad y sesgo. Un protocolo para evaluar respuestas, verificar citas y documentar errores antes de abrir un servicio al público.
- Personas. Formación del personal basada en casos reales, no solo en demostraciones de proveedores, y tiempo protegido para aprender.
- Medición y mejora. Indicadores revisados cada semestre. En mi formación como auditora ISO 9001:2015 aprendí que lo que no se mide ni se revisa no mejora; la IA no es la excepción.
La pregunta no es si la biblioteca usará inteligencia artificial, sino quién responde por cómo la usa.
Lo que la biblioteca aporta a esa mesa
La biblioteca universitaria no llega a la conversación con las manos vacías. Aporta:
- Experiencia negociando licencias y condiciones de uso con proveedores.
- Metadatos y control de autoridades, que hacen confiables los resultados.
- Alfabetización informacional, la base natural de la alfabetización en IA.
- El repositorio institucional, que preserva y da acceso a la producción propia.
- Criterios profesionales para evaluar fuentes, como los que la guía de la UNESCO sobre IA generativa en educación e investigación pide a las instituciones.
Esta perspectiva viene de mi trabajo en ciencias de la información y administración del conocimiento: la tecnología cambia rápido, pero las preguntas de gestión (quién decide, con qué datos y cómo se mide) se mantienen.
Para empezar esta semana
Si dirige una biblioteca o un área académica, haga un ejercicio breve: enliste las herramientas de IA que ya se usan en su institución, quién las aprobó y qué datos procesan. Esa lista suele ser el mejor argumento para crear un comité de gobernanza. Si quiere conversar sobre cómo hacerlo en su universidad, escríbame.
Fuentes
- Clarivate (2026). Pulse of the Library 2026. clarivate.com
- Carroll, E., Bergstrom, T. y Hulbert, I. G. (2026). US Library Survey 2025: Under Pressure. Ithaka S+R. sr.ithaka.org
- UNAM (2026). Acuerdo por el que se crea el Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial. Gaceta UNAM, 17 de marzo de 2026. www.gaceta.unam.mx
- CONPAB-IES (2026). XLII Reunión Anual, Universidad Anáhuac Querétaro. www.anahuac.mx
- Campbell Manjarrez, U. (coord.) (2025). La gestión bibliotecaria en México ante los desarrollos de la inteligencia artificial. CETYS Universidad. repositorio.cetys.mx
- UNESCO (2023). Guidance for generative AI in education and research. www.unesco.org