La semana pasada, del 19 al 25 de octubre, bibliotecas de todo el mundo celebraron la Semana Internacional del Acceso Abierto. Este año SPARC, la organización que la coordina, eligió como tema “The Cost of Knowledge”: el costo del conocimiento. La invitación es a pensar en los costos financieros, humanos y ambientales de crear, compartir y sostener el conocimiento, sobre todo cuando esos costos responden a intereses privados y no al interés público.
Casi siempre que hablamos de este tema pensamos en lo que pagamos hacia afuera: suscripciones a bases de datos, paquetes de revistas, cargos por publicar en acceso abierto. Son costos reales y cada año pesan más en el presupuesto de cualquier universidad. Pero quiero hablar de un costo que casi nunca aparece en un informe: el conocimiento que nuestras propias instituciones producen y no saben conservar.
Tesis que viven en un disco duro personal. Reportes de investigación que se quedaron en el correo de alguien que ya se jubiló. Memorias de congresos, materiales didácticos, informes de proyectos financiados con recursos públicos. Todo eso costó horas de trabajo, asesorías, laboratorios y becas. Cuando se pierde, la universidad paga dos veces: lo que costó producirlo y lo que cuesta no poder demostrar que existe.
Una tesis de 2006 que todavía se puede leer
Lo digo también por experiencia propia. Mi tesis de maestría en el Tecnológico de Monterrey, sobre la efectividad, eficacia y eficiencia en el diseño de las bibliotecas, la presenté en 2006. Veinte años después cualquier persona puede consultarla en texto completo, sin pagar, porque el Tec la conserva en su repositorio institucional con un identificador permanente. No la encontré en una caja ni en una memoria USB; la encontré con un enlace que no ha cambiado.
Eso es exactamente lo que hace un repositorio cuando está bien gestionado: convierte el trabajo académico en patrimonio de la institución y, al mismo tiempo, en un bien público.
En México el marco legal ya existe
No partimos de cero. En mayo de 2014 se reformó la Ley de Ciencia y Tecnología para incorporar el acceso abierto y crear el Repositorio Nacional; en noviembre de ese año se publicaron los Lineamientos Generales para el Repositorio Nacional y los Repositorios Institucionales, y en 2015 los Lineamientos Técnicos. En mayo de 2023 se expidió la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación, que retoma la figura como Repositorio Nacional en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación. A nivel internacional, 193 países adoptaron en 2021 la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta.
Es decir, la pregunta ya no es si las universidades deben compartir su producción académica, sino cómo lo hacen bien. Y ahí es donde, en mi experiencia, la conversación deja de ser técnica y se vuelve de gestión.
Lo que he aprendido trabajando con repositorios
He tenido la oportunidad de dirigir centros de información, apoyar servicios de biblioteca digital y trabajar directamente en el repositorio institucional de la IBERO León. Estas son las lecciones que comparto con cualquier equipo directivo que me pregunta por dónde empezar:
- Un repositorio es un servicio, no una instalación de software. La plataforma es la parte fácil. Lo difícil es definir quién deposita, quién revisa, quién responde cuando algo falla y cómo se sostiene el servicio cuando cambia la administración.
- Primero la política, después la plataforma. Antes de elegir sistema hay que tener por escrito qué se deposita, con qué licencia, quién lo autoriza y en qué casos aplica un periodo de embargo. Sin política, el repositorio se llena de excepciones.
- Los derechos se piden una vez, y bien. El mejor momento para obtener la autorización de un autor es cuando entrega su tesis o su informe final, con un formato claro y una licencia explicada en lenguaje sencillo. Pedirla años después es casi imposible.
- Los metadatos son la inversión que más rinde. Un registro bien descrito, con nombres normalizados, palabras clave consistentes y una fecha correcta, es lo que permite que el documento sea cosechado por sistemas como el Repositorio Nacional o redes regionales, y que aparezca en los buscadores. Un PDF sin metadatos es un archivo; con metadatos es conocimiento localizable.
- Medir lo que le importa a la rectoría. Descargas, consultas por país, cumplimiento de las disposiciones nacionales, visibilidad de los programas de posgrado. Cuando el repositorio reporta en el idioma de la dirección, deja de verse como un gasto de la biblioteca y empieza a verse como un activo de la universidad.
- Pensar en la preservación desde el primer día. Formatos abiertos, respaldos verificados e identificadores persistentes. Lo que no se preserva hoy, será otra pérdida silenciosa dentro de diez años.
El acceso más barato que una universidad puede ofrecer es el acceso a lo que ella misma ya produjo.
Cinco preguntas para quienes dirigen una institución
Si usted está al frente de una universidad, una facultad o una biblioteca, le propongo hacer estas preguntas en su próxima reunión con el equipo de información:
- ¿Qué porcentaje de las tesis de los últimos cinco años está disponible en texto completo, en línea, hoy?
- ¿Tenemos una política de depósito aprobada y conocida por los profesores?
- ¿Quién es responsable del repositorio y cuánto tiempo real le dedica?
- ¿Nuestros registros son cosechados por el Repositorio Nacional y aparecen en los buscadores académicos?
- ¿Qué pasaría con nuestra producción académica si mañana se apagara el servidor?
Las respuestas suelen decir mucho más sobre la gestión de la institución que sobre su tecnología.
Para cerrar
El tema de este año nos pide reflexionar sobre quién se beneficia cuando el conocimiento se encarece. Creo que una parte importante de la respuesta está en nuestras propias manos: cuidar, describir y compartir lo que nuestras comunidades académicas ya crearon. Es trabajo silencioso, pero es de los que más valor devuelve.
Si su institución está iniciando o revisando su repositorio, con gusto platico con su equipo.
Fuentes
- International Open Access Week (SPARC) — tema 2026: “The Cost of Knowledge”, 19 al 25 de octubre de 2026.
- Lineamientos Generales para el Repositorio Nacional y los Repositorios Institucionales (noviembre de 2014).
- Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación, transitorio décimo cuarto (DOF 08/05/2023).
- Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta (2021).
- Hurtado López, C. S. (2006). Efectividad, eficacia y eficiencia en el diseño de las bibliotecas. Tesis de maestría, Tecnológico de Monterrey.